Novena a San Judas Tadeo
Para acompañar nueve días una causa que parece imposible.
Glorioso apóstol San Judas Tadeo, amigo fiel de Jesús: durante estos nueve días vengo a ti con una sola intención, la que llevo en el corazón y tú ya conoces.
Preséntala ante Dios y acompáñame mientras espero. Que no me falte la constancia para llegar hasta el final ni la confianza para aceptar la respuesta.
Amén.
Se reza los nueve días, antes de la oración propia de cada día.
Oración original de Plegarias.org

Día 1 · Presentar la causa
Hoy solo se trata de decirlo. Ponerle nombre a lo que te trae aquí: la enfermedad, la deuda, el hijo que no levanta cabeza, el trabajo que no llega, la relación rota. No hace falta adornarlo ni justificarlo. Dios ya lo sabe, pero decirlo en voz alta ordena por dentro lo que llevamos revuelto.
Señor, hoy te presento esto que me pesa y que no sé resolver. Lo pongo delante de ti tal como es, sin adornarlo.
San Judas Tadeo, acompáñame estos nueve días y preséntalo tú también, que sabes hablar con Dios mejor que yo.
Amén.
Oración original de Plegarias.org
Día 2 · El apóstol olvidado
San Judas fue durante siglos el apóstol al que nadie rezaba, por llevar el mismo nombre que el traidor. Esa es, curiosamente, la razón de su fama: quedó libre para atender a quien nadie más atendía. Si hoy te sientes olvidado, has llamado a la puerta adecuada.
San Judas Tadeo, tú sabes lo que es quedar en el olvido y que nadie pregunte por ti.
Por eso acudo a ti. Mira a quien hoy se siente solo con su problema y hazle sitio en tu oración.
Amén.
Oración original de Plegarias.org
Día 3 · La fe cuando no hay razones
Es fácil confiar cuando las cosas van bien. Lo difícil es seguir rezando cuando llevas meses sin respuesta. San Judas siguió a Cristo hasta un país extranjero y murió por ello, sin ver los frutos. La fe no es la certeza de que todo saldrá bien: es seguir adelante sin esa certeza.
Señor, hoy me cuesta creer que esto vaya a cambiar. Aun así, aquí sigo.
Dame la fe de San Judas, que te fue fiel sin ver el final, y no permitas que el desánimo tenga la última palabra.
Amén.
Oración original de Plegarias.org
Día 4 · La paciencia de los nueve días
Una novena dura nueve días por una razón: porque la prisa no reza bien. Los apóstoles esperaron nueve días en oración antes de Pentecostés, sin saber qué iba a pasar. Ese tiempo no es un trámite para que se cumpla la petición: es lo que va cambiando a quien reza.
Señor, tengo prisa y tú no la tienes. Enséñame a esperar sin desesperar.
San Judas Tadeo, dame constancia para llegar al noveno día aunque no vea todavía ninguna señal.
Amén.
Oración original de Plegarias.org
Día 5 · Pedir bien
A mitad de camino conviene revisar lo que estamos pidiendo. A veces pedimos una solución concreta cuando lo que necesitamos es otra cosa. Jesús enseñó a pedir con confianza, pero también a decir «hágase tu voluntad». No es resignación: es reconocer que no siempre sabemos qué nos conviene.
Señor, te he pedido lo que yo creo que necesito. Hoy te pido además otra cosa: que se haga lo que de verdad me conviene, aunque no sea lo que yo tenía pensado.
San Judas, ayúdame a pedir bien.
Amén.
Oración original de Plegarias.org
Día 6 · Rezar por otros
Hoy la novena mira hacia fuera. Piensa en alguien que esté peor que tú: quizá lo conoces, quizá lo has leído en las noticias. Rezar por otro cuando uno mismo está necesitado es de las cosas que más ensanchan el corazón, y no resta nada a tu petición.
Señor, hoy no rezo solo por lo mío. Te presento también a quienes están pasando por algo peor y no tienen a quien contárselo.
San Judas Tadeo, intercede por todos ellos, y que yo no me encierre en mi propia pena.
Amén.
Oración original de Plegarias.org
Día 7 · Lo que hay que soltar
Muchas situaciones difíciles arrastran un rencor: alguien que nos falló, una discusión que no se cerró, algo que no nos perdonamos a nosotros mismos. Eso enquista el problema y roba la paz. Perdonar no significa dar por bueno lo que pasó, sino dejar de cargarlo.
Señor, tú sabes lo que llevo guardado contra alguien, o contra mí mismo.
Dame fuerzas para soltarlo. Que el rencor no siga ocupando el sitio que necesito para respirar, y que sepa perdonar como tú me perdonas.
Amén.
Oración original de Plegarias.org
Día 8 · La esperanza que no depende del resultado
Queda un día. Puede que nada haya cambiado todavía, y conviene decirlo claro: la esperanza cristiana no es la seguridad de conseguir lo que se pide. Es la certeza de que Dios no nos suelta de la mano, salga como salga. Esa esperanza no se apaga aunque la respuesta sea no.
Señor, no sé cómo va a terminar esto. Lo que sí quiero saber es que tú estás conmigo.
San Judas Tadeo, alcánzame una esperanza que no dependa de que las cosas salgan como espero.
Amén.
Oración original de Plegarias.org
Día 9 · Dar gracias
La novena termina dando gracias, se haya cumplido o no lo que pedías. Si se cumplió, porque es de justicia. Y si no, porque has sostenido nueve días de oración, y eso ya ha hecho algo en ti. La petición sigue en pie: Dios no cierra el plazo cuando nosotros terminamos de contar.
Señor, te doy gracias por estos nueve días.
Gracias por lo que me has concedido y también por lo que no, aunque hoy no lo entienda. San Judas Tadeo, gracias por acompañarme. Sigue presentando ante Dios lo que aún espero.
Amén.
Oración original de Plegarias.org
Qué es una novena y de dónde viene
Una novena es una oración que se repite durante nueve días seguidos por una misma intención. El nombre viene del latín «novem», nueve.
Su modelo está en los Hechos de los Apóstoles. Después de la Ascensión, los apóstoles se reunieron con la Virgen María y «perseveraban unánimes en la oración» (Hechos 1, 14) hasta que llegó el Espíritu Santo en Pentecostés. Entre una fecha y otra hay nueve días, y la Iglesia ha considerado siempre ese tiempo de espera como el modelo de toda novena.
Eso explica lo esencial: una novena no es una cuenta atrás para obtener algo, sino un tiempo de espera acompañada. Lo que ocurre en esos nueve días no es que la petición se refuerce por repetición, sino que quien reza va cambiando.
Conviene saber además que una novena pertenece a lo que la Iglesia llama piedad popular, no a la liturgia. El «Directorio sobre la piedad popular y la liturgia», publicado por el Vaticano en 2002, es el documento que orienta estas devociones, y recuerda que la piedad popular no puede acoger en ningún caso ritos de magia ni de superstición.
Cuándo y cómo rezarla
La novena a San Judas Tadeo suele rezarse en los nueve días previos a su fiesta, es decir, del 19 al 27 de octubre. Pero puede hacerse en cualquier época del año: una novena de súplica por una intención concreta se empieza el día que hace falta.
En algunos lugares se reza del 20 al 28 de octubre, para que el último día coincida con la fiesta.
Lo demás es sencillo: elige una sola intención para los nueve días, reza a la misma hora si puedes, y cada día lee la meditación y reza la oración de todos los días junto con la propia de ese día. Si quieres, enciende una vela mientras rezas.
¿Y si se me olvida un día? La Iglesia no ha establecido ninguna norma sobre esto. Una novena no es una celebración litúrgica con reglas fijas, sino una devoción popular, y lo que cuenta en ella es la intención con que se reza.
La costumbre de empezar de nuevo desde el primer día es solo eso, una costumbre. Puedes seguirla si te ayuda a mantener el propósito, o retomar donde lo dejaste. Lo que no debe pensarse es que un día perdido invalide lo rezado, como si la novena funcionara por el número exacto de repeticiones: eso sería tratar la oración como un mecanismo, y es justamente lo que la Iglesia llama superstición.
Muchas personas rezan también el día 28 de cada mes, en recuerdo de la fiesta de San Judas del 28 de octubre.
Lo que una novena no es
No es un contrato. Rezar nueve días no obliga a Dios a conceder nada. La novena es una petición confiada, no un trueque.
No funciona por repetición exacta. El número nueve viene de aquellos días del Cenáculo, no de un poder numérico. Rezar la oración un número preciso de veces, a una hora determinada o con un objeto concreto no la hace más eficaz. Cuando se atribuye eficacia al gesto en sí, eso es superstición, y la Iglesia la rechaza expresamente.
No hay que reenviarla a nadie. Alrededor de San Judas circulan cadenas que prometen resultados si se reenvían a un número de personas, y que a veces amenazan con desgracias a quien no lo haga. Los responsables de sus santuarios llevan años pidiendo que no se difundan. Si has recibido una así y no la has reenviado, no tienes nada que temer: nada malo va a pasarte por eso. Compartir una oración porque te ha ayudado es otra cosa muy distinta, y es tan antiguo como la fe misma. Lo que no existe es la obligación ni la amenaza.
No sustituye a lo demás. Si lo que atraviesas necesita un médico, un abogado o ayuda económica, la novena acompaña esa búsqueda, no la reemplaza. Y si la situación te está superando, hablarlo con alguien de confianza forma parte de la salida.