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Oración de la mañana

Para ofrecer el día antes de que empiece a correr.

Señor, gracias por este día que empieza y que aún no sé cómo será.

Te ofrezco lo que haga y lo que me toque aguantar: el trabajo, las prisas, los ratos buenos y los que no lo sean. Ayúdame a tratar bien a quien me encuentre y a no dejar para mañana lo que hoy puedo hacer.

Guárdame de todo mal y quédate conmigo hasta la noche.

Amén.

Oración original de Plegarias.org

Habitación sencilla al amanecer, con la primera luz entrando por una ventana de contraventanas abiertas

Oración de la mañana corta

Para los días en que no hay tiempo ni para eso. Doce palabras, mientras te vistes o esperas el ascensor. Vale igual.

Señor, este día es tuyo. Que lo haga todo por amor.

Amén.

Oración original de Plegarias.org

Oración de la mañana para dar gracias

Hay una manera de empezar el día que cambia el resto: en lugar de pedir, agradecer.

Gracias, Señor, por haberme despertado hoy.

No lo doy por hecho: hay quien no ha amanecido y quien lo ha hecho con más dolor que yo. Gracias por los míos, por la salud que tenga y por lo que a veces se me olvida mirar.

Que sepa devolver algo de lo que recibo.

Amén.

Oración original de Plegarias.org

El Ofrecimiento de obras

Es la oración que muchos católicos rezan al levantarse desde hace más de un siglo. Nació con el Apostolado de la Oración, una práctica extendida por los jesuitas a partir de 1844, y consiste en ofrecer por adelantado todo lo que traiga el día.

Una nota sobre la última línea: cada mes el Papa propone a toda la Iglesia una intención concreta por la que rezar, como la paz en algún país o el cuidado de los enfermos. Eso es lo que se ofrece al decir «las intenciones que el Papa nos encomienda este mes». Puedes consultarla en la web del Vaticano, o rezarla sin más, confiando en que alguien la conoce por ti.

Oh Jesús, por el Corazón Inmaculado de María, te ofrezco mis oraciones, obras, alegrías y sufrimientos de este día, en unión con el santo sacrificio de la misa en todo el mundo.

Te los ofrezco por todas las intenciones de tu Sagrado Corazón: la salvación de las almas, la reparación del pecado y la unión de todos los cristianos. Y los ofrezco también por las intenciones que el Papa nos encomienda este mes.

Amén.

Oración tradicional · Ofrecimiento de obras del Apostolado de la Oración

Por qué rezar nada más despertar

Rezar al levantarse tiene una lógica muy práctica: es el único momento del día que todavía no se ha llenado de otras cosas. Media hora después ya hay prisas, mensajes y tareas.

La costumbre es antiquísima. En los salmos aparece una y otra vez esa idea de buscar a Dios de madrugada, y los monasterios organizan el día empezando por la oración desde hace quince siglos, siguiendo la Regla de San Benito.

No se trata de rezar mucho. Un minuto basta, y es mejor un minuto todos los días que veinte un domingo suelto.

Qué se pide por la mañana

Las oraciones de la mañana suelen tener tres partes, y conviene conocerlas para hacerse la propia.

Dar gracias, porque el día empieza siendo un regalo que no hemos fabricado nosotros.

Ofrecer, que es lo propio de esta hora: poner por delante lo que va a venir, sin saber aún qué será. El Ofrecimiento de obras es exactamente eso, y por eso se reza antes de empezar y no después.

Y pedir, pero sin convertir la oración en una lista. Basta con lo que de verdad hace falta hoy: paciencia, honradez, salud, fuerzas para lo que toca. Si lo que necesitas es luz para una decisión concreta, encontrarás una oración al Espíritu Santo en su página.

Cómo convertirlo en costumbre

Lo difícil no es rezar por la mañana: es acordarse.

Tres cosas ayudan, y no son consejos de productividad sino experiencia de siglos en la vida religiosa: rezar siempre en el mismo momento, enganchado a algo que ya hagas, como al sentarte a desayunar; que sea corto, porque una oración larga se abandona en una semana; y no empezar el día con el teléfono, porque después ya no hay silencio.

Si un día se te olvida, no pasa nada. Se retoma al siguiente. Lo que hace costumbre es volver, no no fallar nunca.

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