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Oración al Espíritu Santo

Para pedir luz antes de decidir, estudiar o empezar el día.

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.

℣. Envía tu Espíritu y serán creados.

℟. Y renovarás la faz de la tierra.

Oremos: Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus hijos con la luz del Espíritu Santo; concédenos que, guiados por ese mismo Espíritu, sepamos gustar el bien y gozar siempre de su consuelo. Por Jesucristo nuestro Señor.

Amén.

Es costumbre rezarla al empezar cualquier cosa importante.

Oración tradicional · Invocación litúrgica al Espíritu Santo

Escena de Pentecostés: lenguas de fuego sobre el Cenáculo en penumbra y una paloma blanca descendiendo

Oración al Espíritu Santo para pedir luz antes de decidir

El Espíritu Santo es a quien se acude para pedir claridad. No para que decida por nosotros, sino para ver con más luz lo que tenemos delante.

Espíritu Santo, tengo que decidir y no lo veo claro.

Aparta de mí las prisas y el miedo, que son malos consejeros, y también la terquedad de querer tener razón. Muéstrame lo que de verdad conviene, aunque sea lo que menos me apetece.

Y cuando lo vea, dame valor para hacerlo.

Amén.

Oración original de Plegarias.org

Oración al Espíritu Santo para estudiar y antes de un examen

Pedir luz antes de estudiar es una costumbre antigua: santo Tomás de Aquino escribió en el siglo XIII una oración para ese momento, que empieza «Creador inefable». Conviene recordar que la oración no sustituye al estudio: lo acompaña.

Espíritu Santo, tú que eres luz, ilumina mi entendimiento.

Dame memoria para retener lo que estudio, calma para no bloquearme y orden para aprovechar el tiempo. Que ponga de mi parte todo lo que pueda y deje en tus manos lo demás.

Y que el resultado, sea el que sea, no me quite la paz.

Amén.

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Oración al Espíritu Santo para empezar el día

Breve a propósito, para rezarla nada más levantarse. Es la costumbre que recomienda la Iglesia: invocar al Espíritu Santo al comenzar cualquier cosa importante, y el día lo es.

Espíritu Santo, empieza este día conmigo.

Pon en mis palabras verdad, en mi trato paciencia y en mi trabajo honradez. Que no pase de largo ante quien me necesite.

Y al llegar la noche, que pueda darte gracias.

Amén.

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Oración al Espíritu Santo pidiendo ayuda

Para cuando no sabes ni qué pedir. San Pablo lo dice así: el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque no sabemos pedir como conviene (Romanos 8, 26).

Espíritu Santo, necesito ayuda y no sé por dónde empezar.

Tú conoces lo que me pasa mejor que yo. Pide por mí lo que no sé pedir, sostén lo que se me cae de las manos y pon a mi lado a quien pueda echarme una mano.

No me dejes solo con esto.

Amén.

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Oración al Espíritu Santo por los hijos

Los padres no pueden estar en todas partes, y menos cuando los hijos crecen. Esta oración pide para ellos lo que da el Espíritu Santo: luz para elegir y fuerza para hacerlo.

Espíritu Santo, te encomiendo a mis hijos.

Acompáñalos donde yo ya no llego: en sus decisiones, en sus amistades, en lo que no me cuentan. Dales criterio para distinguir lo que les hace bien y valor para apartarse de lo que les hace daño.

Y a mí dame paciencia para esperar y sabiduría para no apagar lo que tú enciendes en ellos.

Amén.

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Oración al Espíritu Santo para jóvenes

Muchos la buscan al prepararse para la confirmación, que es el sacramento del Espíritu Santo. Está escrita para rezarla en primera persona.

Espíritu Santo, tengo toda la vida por delante y a veces me asusta.

Enséñame a elegir sin copiar a nadie, a decir que no cuando hace falta y a no avergonzarme de lo que creo. Que no me conforme con poco ni me crea más que nadie.

Dame un corazón libre y valiente.

Amén.

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Oración al Espíritu Santo para la noche

Para cerrar el día como empieza la oración de la mañana: pidiendo luz, esta vez para mirar atrás.

Espíritu Santo, antes de dormir pongo este día delante de ti.

Muéstrame lo que hice bien, para agradecerlo, y lo que hice mal, para no repetirlo. Lo que quedó a medias, guárdalo tú hasta mañana.

Y que descanse en paz, sabiendo que no me sueltas.

Amén.

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Quién es el Espíritu Santo

El Espíritu Santo es la tercera persona de la Santísima Trinidad: Dios mismo, junto al Padre y al Hijo. No es una fuerza, ni una energía, ni un símbolo. Por eso se le reza y se le adora igual que al Padre y al Hijo.

Su venida se narra en el día de Pentecostés, cincuenta días después de la Pascua. Los apóstoles llevaban nueve días reunidos en oración con la Virgen María cuando se oyó un ruido como de viento fuerte y aparecieron unas lenguas como de fuego que se posaron sobre cada uno de ellos (Hechos 2). De ahí vienen las dos imágenes con las que siempre se le representa: el viento y el fuego. La paloma procede del relato del bautismo de Jesús.

Ese mismo día, Pedro, que pocas semanas antes había negado conocer a Cristo, salió a hablar ante la multitud. Ese cambio es la mejor descripción de lo que hace el Espíritu Santo: dar fuerza para hacer lo que uno solo no podría.

Qué significa esta oración

Es una de las oraciones más antiguas y más usadas de la Iglesia, y cada parte tiene su origen.

«Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor». La invocación recoge las dos imágenes de Pentecostés: el Espíritu que llena y el fuego que enciende. Se reza desde hace siglos al comenzar cualquier cosa importante.

«Envía tu Espíritu y serán creados; y renovarás la faz de la tierra». Este versículo está tomado del Salmo 104, un canto a Dios creador. Dice algo muy concreto: el mismo Espíritu que sostiene la creación entera es el que se invoca para lo pequeño que uno trae entre manos.

«Oh Dios, que has iluminado los corazones…». Es la oración de la misa de Pentecostés. Pide dos cosas que van juntas: gustar el bien, es decir, saber distinguir lo que vale, y gozar de su consuelo, porque al Espíritu Santo se le llama Consolador.

Los siete dones del Espíritu Santo

Cuando se pide luz al Espíritu Santo se está pidiendo, en realidad, alguno de sus siete dones. El Catecismo los enumera en el número 1831 y los toma de una profecía de Isaías sobre el Mesías (Isaías 11, 1-2).

Son la sabiduría, para ver las cosas como las ve Dios; la inteligencia, que muchos llaman entendimiento, para comprender lo que se cree; el consejo, para acertar en lo que hay que hacer; la fortaleza, para sostener lo que cuesta; la ciencia, para juzgar rectamente las cosas creadas; la piedad, para tratar a Dios como Padre; y el temor de Dios, que no es miedo, sino respeto: no querer ofender a quien se ama.

Se reciben en el bautismo y se refuerzan en la confirmación. Y no funcionan solos: hay que pedirlos, que es justamente lo que hace esta oración.

Otras oraciones al Espíritu Santo

Además de esta invocación breve, hay dos oraciones tradicionales muy conocidas, ambas en latín y muy antiguas: el «Veni Creator Spiritus», «Ven, Espíritu Creador», un himno del siglo IX que se canta en Pentecostés y en las ordenaciones; y el «Veni Sancte Spiritus», llamada la Secuencia de Oro, que se canta en la misa de Pentecostés y se atribuye al papa Inocencio III o a Esteban Langton, arzobispo de Canterbury, ambos del siglo XIII.

Buscando oraciones al Espíritu Santo aparece también, muy difundida, una que se atribuye al cardenal Verdier, aunque otras fuentes la dan al cardenal Mercier o al padre José Kentenich. Al comprobarlo aparece algo curioso: su segunda mitad, la que pide «agudeza para entender, capacidad para retener, método y facilidad para aprender, sutileza para interpretar», es literalmente la oración que santo Tomás de Aquino escribió para antes del estudio en el siglo XIII, cuyo original latino empieza «Creator ineffabilis».

Es decir: lo que circula como oración de un cardenal del siglo XX es, en buena parte, un texto medieval. No reproducimos aquí esa versión porque no hemos podido determinar quién compuso el resto ni cuándo. Preferimos decir lo que sabemos y lo que no.

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