Oración de protección a San Benito
La oración de la medalla, para pedir amparo frente al mal.
Glorioso San Benito, tú que en la cruz de Cristo encontraste toda tu fuerza: guárdame hoy a mí y a los míos.
Aparta de nosotros el peligro del cuerpo y el del alma, la tentación que se disfraza de bien y el mal que viene de quien nos quiere dañar. Que ninguna amenaza nos robe la paz.
Que la santa cruz sea nuestra luz y no tengamos otro guía. Alcánzanos de Dios un corazón firme y sereno.
Amén.

Oración al ponerse la medalla de San Benito
Muchas personas llevan la medalla al cuello, en el coche o en la puerta de casa. Esta oración sirve para ese momento y deja claro qué se está pidiendo.
Señor, tú que diste a San Benito el don de vencer al mal con la señal de la cruz, bendice a los que llevan su medalla.
Que no la tengan por amuleto, sino como recuerdo de que solo tú salvas. Líbranos del maligno y de toda obra suya.
Amén.
Conviene que la medalla sea bendecida por un sacerdote.
Oración a San Benito ante la envidia y la hostilidad
Hay temporadas en que uno siente hostilidad alrededor: envidia en el trabajo, rencores familiares, la sensación de que alguien desea que le vaya mal. La fe cristiana no niega que el mal exista, pero tampoco alimenta el miedo: no enseña a rastrear culpables ni a devolver daño por daño, sino a pedir amparo y a no dejar que el rencor se instale dentro.
Si el miedo a que alguien te haga daño te quita el sueño o condiciona tu vida diaria, habla con un sacerdote de confianza: sabrá orientarte. Y si la angustia es constante, buscar ayuda profesional no es falta de fe.
Glorioso San Benito, siento hostilidad a mi alrededor y no sé de dónde viene.
Aléjala de nosotros sin que yo devuelva el daño. No dejes que el rencor eche raíz en mí ni que el miedo me gobierne, y enséñame a perdonar como perdonó Cristo.
Que la envidia y el engaño no puedan nada frente a tu cruz.
Amén.
Qué significan las letras de la medalla
La medalla de San Benito está cubierta de iniciales que durante siglos nadie supo descifrar. En 1647, en la abadía de Metten, en Baviera, apareció un manuscrito de 1415 que explicaba su significado. La medalla que hoy se usa es la llamada jubilar, acuñada en 1880 bajo la supervisión de los monjes de Montecassino para conmemorar los mil cuatrocientos años del nacimiento del santo.
En el reverso hay una cruz. En su brazo vertical se lee C S S M L y en el horizontal N D S M D: son las iniciales de «Crux sacra sit mihi lux, non draco sit mihi dux», «que la santa cruz sea mi luz, que el dragón no sea mi guía».
En los cuatro ángulos de la cruz, las letras C S P B significan «Crux Sancti Patris Benedicti», «cruz del santo padre Benito».
Alrededor del borde, V R S N S M V S M Q L I V B son las iniciales de una fórmula antigua contra la tentación: «Vade retro Satana, nunquam suade mihi vana. Sunt mala quae libas, ipse venena bibas», «apártate, Satanás, no me aconsejes vanidades; es malo lo que me ofreces, bebe tú mismo tu veneno».
En la parte superior aparece la palabra PAX, «paz», que es el lema benedictino desde hace siglos. En las medallas más antiguas figura en su lugar el nombre de «Iesus».
En el anverso se representa a San Benito con la cruz en una mano y la Regla en la otra.
La medalla no es un amuleto
Esta es la parte que más conviene entender, porque en internet circula mucha confusión.
La medalla de San Benito es un sacramental: un signo sagrado que la Iglesia ofrece para disponer a recibir la gracia de Dios. No obra por sí misma, no tiene poder propio y no funciona como un objeto mágico. Lo que protege es Dios; la medalla recuerda a quien la lleva de quién se fía y a qué renuncia.
De ahí que la fórmula latina no sea un conjuro, sino la respuesta del cristiano a la tentación: las mismas palabras que el Evangelio pone en boca de Jesús cuando rechaza a Satanás.
Por eso conviene evitar tres cosas: usarla como talismán, atribuirle efectos automáticos y mezclarla con prácticas ajenas a la fe. La Iglesia rechaza expresamente la superstición, que consiste precisamente en atribuir eficacia a la sola materialidad de un signo.
Lo habitual es que un sacerdote bendiga la medalla antes de usarla, y que se lleve al cuello, en el llavero, en el coche o colocada en la entrada del hogar.
Por qué se acude a San Benito para pedir protección
San Benito no dejó escrito ningún tratado sobre el demonio ni fundó su devoción sobre la lucha contra el mal. La razón por la que se le invoca así viene de los relatos de su vida.
El papa san Gregorio Magno, en el segundo libro de sus «Diálogos», cuenta varios episodios en los que el santo vence a la tentación y al mal con la señal de la cruz. De ahí procede la iconografía que lo representa alzando la cruz, y de ahí también la difusión posterior de su medalla.
Conviene no perder de vista lo esencial: en esos relatos lo que vence no es Benito, sino la cruz de Cristo. La oración a San Benito es una petición de intercesión, igual que se pide a un amigo que rece por uno.
Si buscas una oración de protección sin dirigirte a ningún santo, encontrarás varias en la página de oración de protección.