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Oración de protección

Para dejar tu vida y la de los tuyos en manos de Dios.

Dios nuestro, Padre bueno que no te olvidas de ninguno de tus hijos: hoy te confío mi vida y la de cada persona que llevo en el corazón.

Acompáñanos a donde vayamos y quédate en nuestra casa cuando volvamos. Guárdanos del peligro y de la enfermedad, del miedo que paraliza y de todo lo que nos aparte de ti.

Envía a tus ángeles a velar nuestro camino y nuestro descanso. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Oración de protección para mis hijos

Es una de las oraciones que más se repiten en casa: la de los padres y abuelos que piden por sus hijos, sobre todo cuando están lejos o pasan por un momento difícil. Puede rezarse al despedirlos por la mañana o al final del día.

Padre del cielo, te presento a mis hijos. Tú los conociste antes que yo y los quieres todavía más de lo que yo sé quererlos.

Cuídalos en cada paso, cuando están a mi lado y cuando no puedo verlos. Líbralos de los peligros del cuerpo y del alma, de las malas compañías y de las decisiones que puedan hacerles daño.

Dales salud, un corazón bueno y la fe para buscarte siempre. Lo que yo no alcanzo a cuidar, lo dejo en tus manos.

Amén.

Oración de protección contra todo mal

Pedir ser librados del mal forma parte del Padre Nuestro, la oración que enseñó el propio Jesús. Esta oración desarrolla esa misma petición para los momentos de miedo o de peligro. Si prefieres pedir la intercesión de San Miguel Arcángel, encontrarás su oración en el apartado «¿A qué santo rezar?».

Dios todopoderoso, en ti pongo mi confianza. Cuando tenga miedo, recuérdame que estás a mi lado; cuando me falten las fuerzas, sostenme.

Líbrame de todo mal: de la enfermedad y los accidentes, de la violencia y el engaño, de la envidia y el rencor, y sobre todo del pecado, que es el peor de los males.

Que ninguna amenaza me robe la paz, porque tú no me abandonas.

Amén.

Puedes terminar rezando un Padre Nuestro.

Oración de protección para la familia y el hogar

Para bendecir la casa y a todos los que viven en ella. Muchas familias la rezan juntas antes de dormir, al mudarse a una casa nueva o cuando atraviesan una racha difícil.

Señor Jesús, que creciste en la casa de Nazaret junto a María y José, bendice este hogar y a todos los que vivimos en él.

Protégelo de todo daño, de las discusiones que dividen y de la tristeza que apaga. Que nunca falten en él el pan, el trabajo y la paciencia para perdonarnos.

Cuida a los que salen y a los que se quedan, a los que están sanos y a los que sufren. Haz de nuestra familia un lugar donde se te pueda encontrar.

Amén.

Qué significa pedir protección a Dios

Pedir protección es una de las formas más antiguas de oración. La Biblia está llena de ella: los salmos llaman a Dios roca, refugio y escudo, y el Salmo 91 se ha rezado durante siglos como oración de amparo en el peligro. El propio Jesús puso esta petición en el Padre Nuestro, cuando enseñó a sus discípulos a decir «líbranos del mal».

En la tradición cristiana, pedir protección no es buscar un amuleto ni una garantía de que nunca pasará nada malo. Es un acto de confianza: reconocer que no lo controlamos todo y ponernos, junto a quienes queremos, en manos de un Padre que cuida de sus hijos. Por eso la protección que se pide abarca el cuerpo y el alma: la salud y la seguridad, pero también la paz interior, la fe y la fuerza para no apartarse del bien.

La Iglesia enseña además que cada persona está acompañada por la custodia de los ángeles desde el comienzo de su vida hasta la muerte (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 336), y para explicarlo el Catecismo remite precisamente al Salmo 91. Cuando una oración pide que los ángeles nos guarden, expresa esa misma fe.

En muchos países de América Latina se reza también La Magnífica como oración de protección. Es el cántico de alabanza de la Virgen María que recoge el Evangelio de Lucas, cuando visita a su prima Isabel.

Cómo y cuándo rezar la oración de protección

No hay una fórmula ni un número de repeticiones que haga más eficaz una oración. Lo que cuenta es rezarla con confianza, aunque sean pocas palabras y aunque cueste concentrarse. Aun así, a muchas personas les ayuda darle un momento fijo.

Los momentos más habituales son la mañana, antes de salir de casa; la noche, al acostar a los hijos o antes de dormir; el comienzo de un viaje; y las situaciones concretas de miedo o incertidumbre, como una operación, una mudanza o una temporada complicada en el trabajo.

Se puede rezar en voz alta o en silencio, a solas o en familia. Si quieres, nombra al final a las personas por las que pides y termina con un Padre Nuestro o un Avemaría. Rezar por otros, especialmente por quien está lejos o no sabe pedir por sí mismo, es una de las formas más sencillas y antiguas de cuidarlos.

La oración acompaña, pero no sustituye la prudencia ni la ayuda que haga falta. Si tú o alguien cercano está en peligro, busca también ayuda inmediata en los servicios de emergencia de tu país.

A qué santos se pide protección

Además de dirigirse directamente a Dios, la tradición católica acude a la intercesión de algunos santos especialmente ligados a la protección. No se trata de sustituir a Dios, sino de pedir a quienes ya están junto a Él que recen con nosotros.

San Miguel Arcángel es el gran defensor frente al mal. El libro del Apocalipsis lo presenta al frente de los ángeles en la lucha contra el dragón (Apocalipsis 12, 7), y la oración que se le dirige para pedir amparo fue compuesta por el papa León XIII a finales del siglo XIX.

San Benito de Nursia, padre de la vida monástica en Occidente, se invoca desde hace siglos a través de la medalla que lleva su nombre. Las letras grabadas en ella son las iniciales de una breve oración en latín para rechazar la tentación y el mal.

La protección personal se confía también al ángel de la guarda, y la de la familia a San José, a quien Dios encomendó el cuidado de Jesús y de María.

Oraciones tradicionales

Otras necesidades