Salmo 91
La oración de amparo que se reza en el peligro desde hace siglos.
El que se acoge al asilo del Altísimo, descansará siempre bajo la protección del Dios del cielo.
Él dirá al Señor: Tú eres mi amparo y refugio; el Dios mío en quien esperaré.
Porque él me ha librado del lazo de los cazadores y de terribles adversidades.
Con sus alas te hará sombra, y debajo de sus plumas estarás confiado.
Su verdad te cercará como escudo; no temerás terrores nocturnos,
ni la saeta disparada de día, ni al enemigo que anda en tinieblas, ni los asaltos del demonio en medio del día.
Caerán muertos a tu siniestra mil y diez mil a tu diestra; mas nada te pasará a ti.
Tú lo estarás contemplando con tus propios ojos, y verás el pago que se da a los pecadores, y exclamarás:
¡Oh! y cómo eres tú, ¡oh Señor, mi esperanza! Tú ¡oh justo! has escogido al Altísimo para asilo tuyo.
No llegará a ti el mal, ni el azote se acercará a tu morada.
Porque él mandó a sus ángeles que cuidasen de ti; los cuales te guardarán en cuantos pasos dieres.
Te llevarán en las palmas de sus manos; no sea que tropiece tu pie en alguna piedra.
Andarás sobre áspides y víboras, y hollarás los leones y dragones.
Ya que ha esperado en mí, yo le libraré; yo lo protegeré, pues ha conocido mi Nombre.
Clamará a mí, y lo oiré benigno. Con él estoy en la tribulación; lo pondré a salvo, y lo llenaré de gloria.
Lo sacaré con una vida muy larga, y le haré ver el salvador que enviaré.
Puedes terminar diciendo: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Oración tradicional · Traducción de Félix Torres Amat (1825), dominio público
Qué dice el Salmo 91
El Salmo 91 es una de las oraciones de confianza más antiguas que se conservan. Todo él gira en torno a una sola idea: quien se pone en manos de Dios está a salvo, aunque el peligro lo rodee.
Sus imágenes son muy concretas y por eso siguen funcionando. Dios aparece como un refugio donde entrar, como un ave que cubre a sus crías con las alas y como un escudo que rodea al que confía. Frente a eso se enumeran los peligros de cualquier época: la trampa del cazador, la enfermedad, el terror de la noche, la flecha que vuela de día.
La parte final cambia de voz: ya no habla el orante, sino Dios mismo, que promete responder a quien lo invoque y estar con él en la angustia. Ese cierre es el que explica que el salmo se haya rezado durante siglos junto a la cama de un enfermo, antes de un viaje o en tiempos de epidemia.
La promesa de que Dios encargará a sus ángeles que guarden los pasos del justo es también una de las citas bíblicas más conocidas, porque aparece en el Evangelio en el relato de las tentaciones de Jesús.
Por qué se reza como oración de protección
El uso del Salmo 91 como oración de amparo es antiquísimo. En latín se le conoce por sus primeras palabras, «Qui habitat», y con ese nombre la liturgia romana lo ha asociado tradicionalmente al tiempo de Cuaresma.
Muchas personas lo rezan antes de dormir, y la costumbre encaja con su contenido: el salmo habla del terror de la noche y del descanso protegido.
Conviene entender bien qué promete y qué no. El salmo no garantiza una vida sin dificultades ni funciona como un amuleto: es una profesión de confianza. De hecho, en el relato evangélico de las tentaciones es el tentador quien cita estos versículos para empujar a Jesús a forzar un milagro, y Jesús responde que no se debe tentar a Dios. Rezarlo es ponerse en manos de Dios, no reclamarle inmunidad.
Por qué a veces aparece como Salmo 90
Si buscas este salmo en una Biblia antigua o en un libro litúrgico en latín, puede que lo encuentres numerado como Salmo 90. No es un error.
Las Biblias en hebreo y las traducciones modernas siguen una numeración; la traducción griega de los Setenta y la Vulgata latina siguen otra, con un desfase de un número en buena parte del salterio, porque agrupan de forma distinta algunos salmos. Por eso muchas ediciones católicas lo citan como «Salmo 91 (90)». Es el mismo texto.
El texto que aparece en esta página procede de la traducción al español de Félix Torres Amat, publicada en 1825 a partir de la Vulgata latina y basada en el trabajo previo de José Miguel Petisco. Fue la primera Biblia católica en español de amplia difusión y se encuentra en dominio público.
Su lenguaje es el de su época, de ahí expresiones como «a tu siniestra» por «a tu izquierda». La edición incluye además pequeñas aclaraciones del traductor intercaladas en el texto; en esta página se han omitido para no interrumpir la lectura del salmo.